01 LA JUSTICIA PROPIA
Amado lector, como ya te habrás dado cuenta, a mí me gusta mucho enseñar de la justificación por fe, y esto de hecho se debe enseñar con regularidad porque, créelo o no, es algo que muchos cristianos aun no lo tienen claro. Aún cristianos de años sienten condenación al pecar: se auto-castigan o se auto-disciplinan porque creen que esa es la forma de volver a estar bien con Dios.
Eso se llama justicia propia, es decir, tomarse la justicia en las manos de uno mismo, y como vemos en Romanos 10:3, la justicia propia nunca se puede sujetar a la justicia de Dios. Romanos 10:3 dice: "Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios".
Ahora, si lees el contexto, el autor se refiere a los israelitas, al pueblo original de Dios, a los primeros que Él escogió, a los descendientes en la carne de Abraham. Él dice que ellos, "ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios".
Analicemos lo que dice aquí. Dice que los judíos ignoraban la justicia de Dios. ¿Cuál es la justicia de Dios? Es la justicia que hemos venido estudiando hasta aquí; la que obtenemos sólo por creer en Jesús.
Dice que ellos, desconociendo que uno es justo por su fe y no por sus obras, procuraban y procuran hasta el día de hoy establecer su propia justicia. Es decir, que han establecido su propio sentido de justicia. Esto es lo que se llama como justicia propia.
¿Qué es justicia propia? La mejor definición bíblica para la justicia propia es el querer estar bien con Dios en base a todo lo que tú puedes hacer. Estos judíos querían estar bien con Dios mediante el cumplimiento de la Ley.
Hoy en día, también encontramos a muchas personas procurando establecer su propia justicia, es decir, personas que quieren estar bien con Dios en base a lo que ellos pueden hacer, y ni si quiera hace falta irse muy lejos para encontrarlas: las personas que creen estar bien con Dios al irse de peregrinación al Quinche están procurando establecer su propia justicia.
Todas las religiones en el mundo tienen cierto sentido de justicia propia, porque todas las religiones tienen su lista de cosas que debes hacer para llegar ante Dios. Todas las sectas en el mundo tienen su propio sentido de justicia, porque quieren estar bien con Dios mediante ciertas obras:
La gente empecinada en su justicia propia, por ejemplo, son la gente que se está atando bombas al cuerpo para matar a muchas personas y matarse a sí mismos en ataques terroristas suicidas –por un sentido enfermizo de justicia propia. Ellos quieren estar bien con su dios por sus propios medios.
Las atrocidades que la Iglesia cometió durante la Edad Medieval fueron causadas por un sentido enfermizo de justicia propia. Todos los asesinatos realizados “en el nombre de Dios” fueron realizados por un sentido enfermizo de justicia propia.
Todas las religiones y las sectas que existen en el mundo hoy en día tienen algún sentido de justicia propia, y muchas personas están tratando de estar bien con Dios por medio de sacrificios.
Lamentablemente, muchos cristianos también están cayendo en esto de la justicia propia. Es decir, quieren hacer cosas para estar bien con Dios.
Muchas veces, cuando caemos en pecado, pensamos que ahora Dios está enojado con nosotros y lejos de nosotros, y que para volver a estar bien con Dios y estar cerca de Él, tenemos que hacer de todo. Algunos oran por varias horas seguidas pensando que así compensan por el pecado que acaban de cometer. Otros ayunan para otra vez sentirse bien con Dios. Otras leen la Biblia mucho pensando que así compensan por sus errores ante Dios para que Dios les vea como buenas personas en promedio y les perdone. Otros se auto-disciplinan, y si forman parte de un ministerio, deciden no participar más de aquel ministerio hasta no sentir que ya han pagado por su pecado.
Y la oración, el ayuno y el estudio bíblico como tal son buenos, ¡por supuesto que es bueno orar, ayunar y estudiar la Biblia! Pero a veces no las hacemos de la forma correcta cuando las hacemos motivados por las razones equivocadas.
Nosotros no ayunamos, ni oramos, ni estudiamos La Biblia para que Dios nos perdone ni para que nos ame, porque Dios ya nos ama entrañablemente y ya hemos sido completamente perdonados en la muerte de Jesús.
Nosotros oramos porque ése es nuestro derecho y nuestro privilegio como hijos de Dios. ¡Los redimidos y perdonados en Su Sangre tenemos el derecho de entrar ante la Presencia del Dios Todopoderoso!
La oración es un privilegio, el poderle dirigir la palabra al Ser más poderoso en todo el Universo, el que todo lo creó, y que Él nos escuche y se interese por los detalles de nuestra vida y nos responda según Su Voluntad. ¡Eso sí que es un gran privilegio que no todo el mundo tiene! ¡Eso es un privilegio para nosotros los hijos de Dios, los que hemos recibido el perdón de nuestros pecados por haber creído en Jesús!
Nunca veas la oración como una obligación. No es que necesitas orar y velar o si no te quedarás cuando Jesucristo vuelva en el Rapto, ni tampoco es que oras para “estar bien con Dios”, sino que oras PORQUE YA ESTÁS BIEN CON DIOS. Oras porque disfrutas estar en intimidad con Papá, y porque es tu derecho como Hijo de Dios el estar en Su Santa Presencia. Esa es la motivación correcta para orar.
¿Te das cuenta cuan diferente es orar pensando que aun necesitas estar bien con Dios, y orar SABIENDO que ya estás bien con Dios?
Tampoco estudiamos la Biblia para "estar bien con Dios", sino que estudiamos la Biblia porque queremos conocer más y más de éste Dios de amor que nos salvó y porque Sus Palabras llenan nuestra alma. Es como una novia que con emoción lee la carta de amor que le escribió su novio. Del mismo modo, nosotros leemos con tanta emoción la carta de amor (es decir, la Biblia) que nos escribió nuestro Papito Dios.
Todo lo que hacemos en la vida cristiana lo hacemos por amor y no por miedo a ser condenados si no lo hacemos. ¡Cuán diferente será nuestro tiempo con Papito Dios orando y estudiando Su Palabra al entender esto!
¡Incluso nuestra evangelización sería tan diferente! No saldríamos a evangelizar movidos por el miedo a que si no evangelizamos, no llegaremos al Cielo, sino que evangelizaríamos motivados por el amor y el deseo puro, sincero y completamente desinteresado de que más personas conozcan el precioso amor que nosotros hemos encontrado en Jesús.
Entender esto incluso afectaría la forma en la que diezmamos y ofrendamos: no diezmaríamos motivados por el miedo a que, si no diezmamos, nos caerá una plaga y el diablo nos robará todito nuestro sueldo, sino que diezmaríamos motivados por el amor que ya hemos recibido de parte del Señor. Diezmaríamos porque le amamos y reconocemos que Él es digno de tan si quiera la décima parte de todos nuestros ingresos si Él nos lo pide, que sí Él nos ha dado todo en la vida y apenas nos pide que le devolvamos tan solamente el 10% de todo lo que Él ya nos ha dado, ¡con cuánta alegría diezmaríamos! ¡Con cuánta gratitud!
02 LA HERMOSA VIDA CRISTIANA A LA QUE HEMOS SIDO LLAMADOS
La vida cristiana es en realidad tan hermosa cuando entendemos que Dios nos ama y que no nos condenará ya nunca más. La vida cristiana en verdad que es realmente emocionante y alegre cuando no la vivimos con miedo a Dios ni con tristeza por culpa de nuestras debilidades, sino con confianza y fe absoluta en Aquel que nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros. La vida cristiana es en realidad tan bella cuando entendemos que somos justificados únicamente por nuestra fe y nunca por nuestras obras, y cuando entendemos el favor inmerecido de Dios que tenemos sobre nuestras vidas todo el tiempo.
Fuimos llamados para grandes cosas, amado lector, y estas grandes cosas no las alcanzaremos porque nos las merecemos, sino porque Él es bueno y porque Él nos las quiere dar.
Nunca olvides que la voluntad de Dios para tu vida siempre será buena, agradable y perfecta, Romanos 12:2. Nunca pienses que vas a recibir algo malo en tu futuro "porque te lo mereces", porque Dios ha borrado el récord de deudas que estaba en tu contra y la ha clavado a la Cruz del Calvario, Colosenses 2:14, de modo que ahora eres una nueva criatura delante de los ojos de Dios: he aquí todas las cosas viejas pasaron, y todas son hechas nuevas, 2 Corintios 5:17.
Ésta es tu realidad diaria delante de los ojos de Dios. Siempre serás una nueva criatura delante de Sus ojos, no importa si acababas de pecar, porque Dios ya no ve pecado en ti. Los pensamientos de Dios para ti son el bien y no el mal, para darte un final feliz tal y como te lo esperas, Jeremías 29:11.
Vive con esta confianza, amado lector, porque eres un Hijo del Rey y te mereces lo mejor, y lo mejor nunca estará sujeto a que tú te lo mereces o tú te lo ganaste, porque si fuera así, ¿quién de nosotros realmente se merecería lo mejor de Dios? ¡No! ¡De ninguna manera! ¡Dios te va a dar lo mejor porque sí, porque Él es amor y muy dadivoso, y no por tus obras!
03 LA GRACIA NO TE ACERCARÁ AL PECADO, SINO QUE TE ALEJARÁ DEL PECADO
Ahora, ¿te estoy diciendo esto para que tú te olvides por completo de tus acciones y te entregues por completo al pecado, como al fin y al cabo Dios siempre te va a bendecir porque Él es bueno y porque ya llegaste al Cielo? No, de ninguna manera.
Ahora que sabes todo lo que te he dicho hasta aquí, ¿acaso te ha dado ganas de pecar contra Él porque ahora sabes de tu justificación por fe y del perdón de tus pecados? No creo, ¿cierto? Al menos si eres un creyente verdaderamente nacido de nuevo, el conocimiento de Su gracia incondicional no te va a acercar al pecado, sino que te va a alejar del pecado.
Medita un ratito en tu propia vida: todo lo que te he enseñado hasta aquí ha causado que te enamores cada vez más de Jesús y ha reanimado la llama en ti, ¿cierto? Y al enamorarte cada vez más de Jesús, el pecado se ha vuelto cada vez menos atractivo para tu vida, ¿cierto? Éste es el verdadero efecto de las enseñanzas de la Pura Gracia.
No es –como algunos pastores piensan y temen– que al enseñar de la Gracia, sus ovejas la van a tomar como una licencia para pecar y se van a entregar a una vida completamente carnal y desenfrenada. Éste miedo no tiene ningún fundamento bíblico en lo absoluto.
Es más, Romanos 6:14 dice que el pecado ya no se enseñoreará de nosotros PORQUE ya no estamos más bajo la Ley, sino bajo Su Gracia. Te doy un tiempito para que vayas a tu Biblia y compruebes que eso es lo que dice. ¿Cierto que dice eso?
Te explico: significa que al estar bajo las enseñanzas de la gracia, el amor hacia Dios en tu corazón irá creciendo de modo que el pecado irá perdiendo cada vez más su poder en ti, porque el pecado sencillamente se hace cada vez menos atractivo al amar cada vez más a Jesús; ¡y éste amor en nuestros corazones es alimentado al entender cada vez más el amor que ya hemos recibido de parte de Jesús!
Medita un ratito en tu propia vida, amado lector: ¿no es cierto que mientras más descubres cuánto te ha amado El Señor y cuánto te ha perdonado, más terminas tú amándole a Él? Esto también aprendemos de la historia de la mujer pecadora en Lucas 7:36-47:
(36) Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. (37a) Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora…
Ahora, el hecho de que esta mujer era identificada como "pecadora" por toda su comunidad significa que ella frecuentemente hacía algo que los demás identificaban como más pecaminoso que sus propias vidas, porque todos nosotros, sin Cristo, somos pecadores. La mayoría de teólogos están de acuerdo de que lo más probable es que ésta mujer era prostituta de profesión.
Es interesante notar que Jesús –quien nunca pecó (1 Pedro 2:22) y nunca conoció pecado (2 Corintios 5:21) y en quien no hay pecado (1 Juan 3:5)– era atractivo para esta mujer que, por cierto, era una gran pecadora (alguien que todo el mundo reconocía como pecadora). La mayoría de la gente no se siente atraída por gente santa y pura, pero esta mujer sí era atraída por Jesús.
Esto nos habla acerca de la maravillosa accesibilidad de Jesús. Es tan fácil acercarse a Jesús. Jesús es una persona tan acercable. Jesús no es una persona gruñona a la que da miedo acercarse, ni una persona que da desconfianza o miedo acercarse. Aunque Él no tiene pecado, hay algo en Él que es acercable. Es cierto que Sus ojos arden con un fuego inextinguible contra el pecado y la maldad, pero Sus ojos también están llenos de amor que atrae a pecadores. Hay algo en Él que atrajo a esta mujer a los pies de Jesús.
En aquellos días en el Medio Oriente, la gente se reclinaba sobre varias almohadas de tiro para comer, y tiraban sus pies para atrás. Así, ella lloraba detrás de Jesús sobre sus pies.
Ahora, todos sabemos cómo ella obtuvo éste perfume: trabajando y ejerciendo su profesión. No es posible trabajar en esta profesión sin perder tu corazón. Entonces mientras ella ungía los pies de Jesús con éste perfume que ella compró utilizando el dinero que ella ganó ejerciendo su profesión, ella estaba derramando su alma a los pies de Jesús, y por lo tanto su alma y corazón estaban siendo sanados a los pies de Jesús.
(39) Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.
Entonces el Fariseo pensó dentro de sí mismo que si Jesús realmente era profeta, Él sabría que la mujer que lo tocaba era prostituta y entonces no se dejaría tocar más por ella. Nota que el Fariseo solamente pensó esto para sí y no lo dijo en voz audible, pero Jesús de todos modos le respondió.
No necesitamos hablar para que Jesús nos escuche. Muchas veces Jesús escucha los pensamientos de nuestro corazón. Y no hace falta que le dirijamos la palabra como para que Él pueda respondernos. Aun si muchas veces no le preguntamos, Él de todos modos nos responde y con las palabras más amables y llenas de sabiduría y de tierna corrección, porque nos ama.
Simón lo llamó a Jesús maestro, porque para Simón, él no había invitado a Jesús el Hijo de Dios a cenar en su casa, sino solamente a un gran maestro de las Escrituras. Simón no lo reconocía a Jesús como el Hijo de Dios. Entonces Jesús le dijo la parábola de los dos deudores a Simón:
Ahora, para entender la magnitud de estas deudas, debemos convertir el denario a una moneda que entendemos hoy en día. Un denario aquel entonces equivalía al salario de un día entero de trabajo. Por lo tanto, el uno le debía lo equivalente a 50 días de trabajo, y el otro le debía lo equivalente a 500 días de trabajo. ¡El uno tenía año y medio de su vida embargado a su acreedor! El otro solamente mes y medio.
Jesús decidió perdonarles la deuda a ambos, y le hace esta pregunta al Fariseo: ¿cuál de los dos pues crees que ha de amarle más a su acreedor? La respuesta no es difícil, tanto que hasta un Fariseo empeñado en su propia justicia sabe la respuesta:
Ahora, Jesús está hablando acerca de la tradición judía de aquel entonces:
En aquellos días, el calzado más común entre los judíos eran las sandalias abiertas, y era costumbre que los huéspedes dejaran sus sandalias en la puerta cuando entraban a una casa. Como la mayoría de viajeros en Israel compartían los caminos principales con los caballos, los camellos y los asnos, era imposible evitar totalmente durante todo un largo día el contacto con los excrementos de estos animales. Las sandalias proporcionaban cierta protección a los viajeros, y era inconcebible llevarlas dentro de la casa. No obstante, era cierto que los residuos de la jornada del día (incluido el mal olor de los excrementos animales) se encontraban todavía en los desprotegidos pies de los huéspedes. Por esta razón, el trabajo sucio de lavar los residuos animales de los pies de los visitantes, era reservado para el sirviente más humilde de la casa. Cualquier siervo que lavaba los pies de los huéspedes era de antemano considerado sin valor, incluso perdía su valor en el mercado de esclavos, y era tratado abiertamente con desdén. Si alguien quería deshonrar y humillar a una persona que entraba a su casa, todo lo que tenía que hacer era asegurarse de que sus sirvientes no se molestaran en lavar sus pies, máxime en casa de los fariseos para quienes la limpieza exterior lo era todo. Jesús dice con claridad que cuando entró en casa de Simón, nadie lavó sus pies (vrs44). Pareciera que Simón quería tenerlo en su casa pero no quiso honrarlo.
TOMMY TENNEY, En la Búsqueda de Dios, Editorial Unilit,
primera edición, Colombia 1999, pg165-166
(44b)… más ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos.
¿Yo me pregunto si cuando María rompió su vaso de alabastro que contenía el precioso perfume de nardo, ella notó que al caer sus lágrimas sobre los sucios pies sin lavar del Señor, formaron como una línea de limpieza? ¿Se dio repentina cuenta de la falta de respeto que se había mostrado para con Jesús, aunque era un huésped invitado en aquella casa? Yo creo que sí, y eso conmovió su corazón. Parecía que su pesar era comparable en intensidad sólo con sus lágrimas que se derramaban como si se hubiera abierto una compuerta. ¡Derramó tantas lágrimas María, que pudo utilizarlas para lavar con ellas los residuos de excremento animal que se habían adherido a los pies del Señor! ¿Pero qué podía utilizar para secar los pies del Maestro? Ella no gozaba de respeto ni tenía autoridad en aquella casa, así que no podía pedir una toalla. Sin toallas ni nada parecido, y no teniendo nada mejor a la mano, utilizó su propio cabellos para enjuagar y secar los pies del Señor. Tomó el desdén y la falta de respeto público para Jesús en aquel lugar como cosa suya. Removió toda evidencia del rechazo público hacia Él con su hermoso cabello, y la hizo suya. ¿Se puede usted imaginar lo que eso significó para el corazón de Dios? Jesús nos dio una idea de sus sentimientos en ese momento cuando reprendió abierta y públicamente a su anfitrión:
TOMMY TENNEY, En la Búsqueda de Dios, Editorial Unilit,
primera edición, Colombia 1999, pg167
(45) No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. (46) No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.
Y ahí Jesús llegó a la parte que te quiero enseñar de esta historia:
Es decir, dicho de otro modo, Jesús le dijo: “¿sabes por qué ésta mujer me ama tanto? Porque ella ha entendido lo mucho que yo le he perdonado. ¿Y sabes por qué tú, Simón, me amas tan poquito? Porque tú crees que yo te he perdonado tan poquito. Tú crees que yo sólo te he perdonado 50 denarios. Ella sabe que yo le he perdonado 500 denarios”.
Ahora, Jesús nos ha perdonado a todos nosotros todos nuestros pecados. No es que Jesús le perdonó poco al Fariseo. Lo que pasa es que el Fariseo piensa que Jesús le ha perdonado poco. Es más, según el Fariseo, no hay mucho que perdonar, porque según él, él es tan perfecto y santo que no necesita del perdón de Dios. Entonces por eso le ama poco a Jesús, y no lo atendió tanto –como es debido– como lo atendió la mujer pecadora. En cambio, la mujer pecadora, por cuanto ha entendido LO MUCHO que ha sido perdonada, es que revienta de amor por Jesús y lo manifiesta en la hermosa obra que hizo por Jesús.
04 LA IMPORTANCIA DE ESCUCHAR UNA Y OTRA VEZ DE LA GRACIA DE DIOS
Ahora, no es que ella recién fue perdonada por Jesús cuando hizo todas esas cosas por Jesús, sino que ella hizo todas esas cosas como resultado del perdón que ella ya sabe que ha recibido de parte de Jesús. Es decir, éste no es el primer encuentro entre Jesús y la mujer pecadora. Ellos ya habían tenido un encuentro previamente en el que Jesús ya le reveló el perdón de TODOS sus pecados en Él.
La mayoría de teólogos estamos de acuerdo en esto, porque vemos la acción que tuvo esta mujer en Lucas 7:37-38. Esto no lo hace una mujer que por primera vez conoce al Salvador. Ella ya había tenido un encuentro previo con el Salvador y ahora, tiempo después, tiene la oportunidad de manifestar el resultado de ése perdón que ya había recibido anteriormente.
Y en el versículo 48, Jesús le vuelve a repetir lo que Él YA le había dicho en alguna otra ocasión: “Mujer, tus pecados te son perdonados”. De esto aprendemos la importancia de escuchar una y otra vez acerca del perdón de nuestros, porque nuestra naturaleza humana tiende a olvidarlo fácilmente.
Cada que caemos en pecado, volvemos a escuchar la voz de la acusación del diablo y nos sentimos otra vez injustos y sucios delante de Dios, olvidando por completo una vez más el sacrificio de Jesús en la cruz para el perdón de todos nuestros pecados.
Y es que la carne humana quiere volver a caer una y otra vez en la justicia propia (en el querer estar bien con Dios por medio de nuestros propios caminos). A nuestra carne le gusta la justicia propia y nos es difícil sujetarnos a la justicia de Dios, la cual es un regalo recibido únicamente por creer.
Lo que pasa es que al ser humano le gusta la gloria. Nos gusta decir: “¡oh, yo obtuve esto, esto y esto por mi propio esfuerzo, por mi sacrificio!” Tendemos a tener un problema con darle toda la gloria a Dios. Aun para cuando lleguemos al Cielo, vamos a querer decir que llegamos al Cielo –gracias a Dios– pero también gracias a nosotros mismos.
Si tú lo notas, todas las religiones en el mundo tienen fuertes enseñanzas de justicia propia. Es decir, todas las religiones tratan de estar bien con Dios por medio de uno u otro camino, o uno u otro sacrificio.
Pero el predicar las enseñanzas de la Gracia Pura le quita toda la gloria al ser humano, porque nos damos cuenta que nada es gracias a nosotros mismos, sino que todo es gracias a Dios.
¿Te has dado cuenta que al estudiar de la Gracia de Dios, nada he hablado de las obras humanas? ¡Cuán diferente es a ponerse enseñar de la Ley! Los predicadores legalistas le dicen a la gente: “¡tú tienes que hacer esto! ¡Tú tienes que lo otro! ¡Tú tienes que obtener la bendición de Dios para tu familia!”
Y es que la Ley está centrada en las débiles obras humanas. La Ley dice una y otra vez: “TÚ debes honrar a padre y a madre”, “TÚ no debes matar”, “TÚ no debes cometer adulterio”, “TÚ no debes hurtar”. Todas sus leyes están centradas en lo que el ser humano debe y no debe hacer.
En cambio, la gracia dice que Jesús es el que ya hizo todo, que Jesús es el que murió en la cruz para perdonarnos de todos nuestros pecados y para redimirnos para Dios como un pueblo santo y agradable ante Sus ojos que entrarán al Cielo únicamente porque ya hemos sido lavados en la preciosa Sangre de Cristo. Es decir, que la gracia es Cristo-céntrica.
La Ley es Egocéntrica, porque hace que pongas tus ojos en tu propio rendimiento. Pero la Gracia es Cristo-céntrica, porque hace que quites tus ojos de tu propio rendimiento y hace que los pongas en la obra de Jesús para tu propia salvación.
Por eso es necesario que nuestra alma siga recibiendo las enseñanzas de la Gracia de Dios. Es necesario oír y seguir oyendo La Palabra de Dios para nunca perder nuestra fe en Su Obra Redentora realizada a nuestro favor, y para seguir con nuestros ojos puestos en Jesús y no en nosotros mismos, Romanos 10:17.
No basta con haber oído una sola vez las buenas noticias de tu salvación en Cristo, sino que, al igual que la mujer pecadora de Lucas 7:36-47, debemos oírlo y oírlo, porque si no volveremos a deslizarnos a nuestra justicia propia porque ésta es la tendencia humana.
La Palabra que particularmente necesitamos escuchar una y otra vez es la del perdón de nuestros pecados y la de la justicia que tenemos en Cristo, para evitar caer en auto-condenación y consecuentemente en justicia propia.
Por lo tanto, amado lector, seguiremos estudiando éste mismo tema en los siguientes blogs que publicaré. Mi deseo para ti es que sigas creciendo en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, y así, la gracia y el favor de Dios sobre tu vida sean multiplicados, así como Pedro deseaba para sus lectores en 2 Pedro 1:2. ¡El Señor te bendiga!
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